Quiero Vestirme como una Mamá

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Suena raro el decir estas palabras, especialmente por que traen con ellas un estereotipo poco halagador y sexy. Las mamás hemos cargado por generaciones enteras la idea de que nos hemos dejado llevar por los trajines de la vida. Solo por el hecho de haber tenido hijos, hemos sido transportadas desde un bohemio y a la vez elegante estilo de vida a un mundo paralelo en donde hemos perdido toda nuestra esencia y nos hemos vuelto unas autómatas no interesadas en nosotras mismas. 

Con el ánimo de ser justa, debo decir que esta percepción acarrea un poco de verdad. La mayoría de mis días uso un ‘uniforme’ que incluye un jean y una camisa vieja, con los mismos tennis de todos los días, nada de maquillaje y peinada con una cola de caballo. Si, tengo otras cosas que ponerme, pero por qué habría de hacerlo? Si se de antemano sé que dos segundos después de vestirme tendré leche, comida y saliva por todo mi cuerpo. Mi ‘uniforme de mama’ refleja la superación física, pero no sicológica de esos kilos demás y de lidiar con el cansancio más absoluto. Por favor, no se equivoquen, mis días están llenos de hermosos momentos en la playa y en el parque. No cualquiera tiene la fortuna de despertarse un lunes en la mañana y decidir salir a tomar un café con los amigos y sus hijos al calor de una larga charla, pero enfrentémoslo, jamas usaría unos tacones para un día típico cuidando a mis retoños.

Después de pasar mis días de la misma manera por tres años, comencé a aburrirme y a perder la confianza en mi misma. No sólo mis días eran muy parecidos, si no que el tono mágico de las noches comenzó a desvanecerse hasta que la oscuridad se convirtió únicamente en una señal para irse a dormir. Tenía que hacer algo para verme y sentirme mejor.

El primer paso fue descubrir que mi feminidad no estaba perdida. Varias veces soñé salir con mi esposo y mis amigos usando ropa y zapatos que me hacían ver sexy y bonita. Entonces, decidí volver a lo básico. Desde un punto de vista logístico me parecía imposible, pero lo único que necesitaba para cambiar mi estilo de vida era comprometerme a vestirme diferente y usar un poco de maquillaje al menos una vez por semana. El comienzo fue difícil, tuve que luchar contra mis propios demonios que me decían que mi ropa estaba pasada de moda, que nada de lo que tenía era precisamente alta costura y que después de haber abusado constantemente del chocolate, claramente no me iban a entrar. Pero reuní mis fuerzas y saqué algunas cosas de mi closet, me las medí e inmediatamente me di cuenta de que nada era tan malo como yo pensaba.

Pero más  allá acepté abiertamente el hecho de que soy mamá y de que quiero vestirme como una mamá. Fue el momento perfecto pues las nuevas tendencias de la moda se encontraban a mi favor. Jeans y bikinis de cintura alta, faldas en A, mezcla de patrones y colores diferentes, que ya hacían parte de mi closet y que estaban listos para sacar lo mejor de ellos. Fue refrescante el poder redescubrir mi estilo, simple, práctico, que me queda bien y ademas realista. Exactamente los detalles que hacen parte de mi personalidad.

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Esta costumbre de vestirme bien un día a la semana ha pasado por sus altas y bajas durante un año, es un hábito, que aunque parece pequeño y probablemente superficial, ha llegado hasta el punto de cambiar la forma en la que percibo mi propia vida. Esto no se trata solamente de lo externo, de vestirse, de cambiar de estilo, de estar presentable. Esto va mas allá, es recordarme constantemente que puedo ser, pensar y sentir lo mismo que antes de tener a mis hijos. Todos mis sueños, viejos y nuevos los puedo alcanzar. No me encuentro en el otro lado del espectro, no soy mas fea, ni vieja ni con un peor humor. Definitivamente no soy mas sabia. Simplemente soy diferente porque vivo circunstancias diferentes. Soy mamá, esto es parte de mi identidad, pero no es mi absoluta identidad.

Este hábito me recuerda que también puedo lucir atractiva, puedo ser inteligente y hablar de todos los temas que se me antoje y puedo ser la misma persona accesible que era antes. Este pequeño hábito me recuerda una vez a la semana que el criar niños pequeños es algo temporal, me recuerda que muy pronto van a crecer, que llegará el momento en que dejarán de escalar sobre mí con sus zapatos sucios y dejarán de quererme abrazar a tiempo completo. Me recuerda que los debo disfrutar, sin preocuparme de que pasa con el resto de mi vida, porque el tiempo en el que pueda vestirme lindo todos los días llegará y miraré hacia atrás, a los días en lo que estaba vestida con mi ‘uniforme de mamá’, sucia, pegajosa y quejándome de mucha comida, leche y saliva sobre mi, y extrañaré esos días, y ya no habrá vuelta atrás.

Luz

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