Las Vidas de las Personas de Raza Negra Importan

Política y Feminismo

Causa tanto daño la indiferencia como el mismo racismo. Porque la gente mala es racista y la buena es ingenua y condescendiente. Las vidas de las personas de raza negra también importan!!

La brutalidad policial en contra de los más vulnerables ha existido desde tiempos inmemorables. Pero este movimiento empezó realmente con la muerte en Estados Unidos de George Floyd por un policía que le puso la rodilla en el cuello por más de ocho minutos. Tanta crueldad en contra de un ser humano me sacudió, de nuevo. No solamente por haber visto a personas de color siendo acosadas, discriminadas y asesinadas en las noticias, una y mil veces. También porque fue justo esto lo que me hizo mirar mi propia experiencia, como persona de origen hispano, pero además de eso, como una persona privilegiada.

Privilegio es pensar, o mejor, es saber que una situación no nos afecta porque no estamos directamente relacionados con ella. El privilegio de los blancos es todavía peor, porque va directo al racismo y a los prejuicios, generalmente en contra de una persona de raza diferente a la nuestra.

La palabra privilegio me asusta, porque nunca he sido indiferente a los prejuicios. Porque siempre me han importado los demás y siempre me sentí bendecida de tener la oportunidad de ayudar a minorías raciales a través de mi trabajo con el gobierno colombiano y posteriormente con el gobierno australiano. Y todavía me importa, porque no quisiera nunca caer en esos prejuicios. Pero debemos aceptar, que si no somos de raza negra, si no hacemos parte de otras minorías raciales, o de género, si no somos refugiados, por ejemplo, somos definitivamente privilegiados.

Nací y crecí en Colombia. Ustedes deberían pensar (correctamente) que en Colombia casi todos somos de raza mixta. Ustedes podrán pensar que los blancos, negros, mestizos e indígenas vivimos todos juntos, que compartimos la tierra y los recursos, así sean pocos. Que nuestros problemas de violencia son originados en otras causas. Que la corrupción es lo que se come a nuestro país, y que no hay diferencias raciales realmente serias que deban ser consideradas, porque las personas de raza blanca son realmente una minoría en el país.

Pensando en retrospectiva yo crecí en una situación muy homogénea racialmente. Y solo me di cuenta de que ni en mi barrio ni en mi colegio había gente de raza negra cuando me fui a Bogotá a estudiar derecho (tenia 17 años). En toda la facultad de derecho solo había una persona de raza negra proveniente del Valle del Cauca estudiando con nosotros. ¿Dónde infiernos estaban los estudiantes afro colombianos? Cuando terminé mi carrera me fui a Nueva York a estudiar inglés. Viviendo en Queens y trabajando como vendedora en una tienda de Manhattan me hice consciente de la riqueza racial que había en Estados Unidos y de la cual yo me había perdido toda mi vida viviendo en Colombia. Estaba feliz de vivir en una ciudad tan multicultural y multirracial. En uno de tantos almuerzos en la sala de empleados, un grupo de chicos de raza negra se encontraba discutiendo una ofensa racista a uno de ellos por parte de un superior. Una chica le dijo a su amigo que parara de hablar porque yo era de raza blanca. En mi ingenuidad no entendí porque no podían seguir hablando, pero aclaré que era hispana y se relajaron. No debí haber dejado pasar el momento. Debí haber preguntado si alguien necesitaba mi ayuda, o mi apoyo moral. Debí haber preguntado cómo podía ayudar. Estaba apenas aprendiendo el idioma pero al diablo con eso, incluso con señas debí haberles demostrado que los apoyaba.

Cuando volví a Colombia desde España donde hice un Master en Relaciones Internacionales estaba determinada a hacer un cambio. Allí estudié el conflicto palestino-israelí y los conflictos e historia de África. Estaba asqueada con el mundo y con mi propia ceguera. Sin embargo la sociedad que me acogió no apreció mucho mis comentarios sobre inclusión. Todos se sentían acusados. ‘A mi me crió mi niñera negra’, o ‘mi caddy es negro’, o ‘la que hace limpieza en mi casa es negra’. No se daban cuenta, como mucha gente en Colombia, de que esto es racismo y clasismo, en su más pura forma. Me partía el corazón saber que además de niñeras, empleadas y caddies, una gran parte de la populación negra de Colombia está concentrada en el Chocó, el departamento más pobre del país. Allí, la comida que se ha sido enviada por Bienestar Familiar se la han dado a los cerdos, en lugar de alimentar a los niños hambrientos. Y para los que crean que esto no es cierto, les dejo la palabra afuera. Porque siempre los encontrarán afuera de las ciudades, cualquiera que sea, afuera del progreso, afuera de la inclusión. 

Por suerte, a través de mi trabajo con refugiados, pude canalizar mi deseo de ayudar. Pero de nuevo mi ingenuidad jugó su parte. Muchos africanos entraban a Colombia para pedir asilo. Había programas ya establecidos, desde visas para regularizarlos, hasta apoyo para educación, salud y estadía. Pero muchos de ellos no querían permanecer en el país. Querían viajar a Estados Unidos. Estaba furiosa. Por qué no querían quedarse en Colombia? La respuesta era que no se sentían bienvenidos. Seguían siendo parte de la periferia y esto nunca iba a cambiar. ‘El Sueño Americano’ era su único objetivo. Básicamente todos se fueron, buscando una vida mejor para ellos y sus hijos. Sentada hoy escribiendo esto temo por ellos, temo por esas vidas que tanto querían mejorar, temo por sus hijos.

También siento alivio, porque una oportunidad para apoyar el fin de racismo se ha presentado. Es hoy y ahora! Puede que yo no este en las calles, pero estoy comprometida a ‘escuchar, aprender y tomar acción’. Seguiré escribiendo sobre esto, me educare mejor en el tema y educare a mis hijos para que sean inclusivos. Este es el momento de hablar, para mí, para todos. La ola que ha creado este movimiento no puede parar ya. No puede disminuir tampoco. No estaré mas en silencio. No me quedaré quieta una vez más. La vida de las personas de raza negra también importa.

Luz

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