Lo que Aprendí de las Sugerencias Feministas de Chimamanda Gnozi Adichie —Querida Ijeawele, Cómo Educar en el Feminismo

Política y Feminismo

Gnozi Adichie escribe en este libro una carta cercana y calurosa a una amiga suya de la infancia que le preguntó como podría educar a su hija para que fuera feminista. En un principio sus estamentos me parecieron claros y en algún punto hasta obvios. Pero rápidamente recapacité para aceptar con tristeza que ni siquiera estas bases del feminismo han sido realmente implantadas en la mayoría de sociedades y culturas. Todavía la balanza mantiene un peso fuerte a favor de los hombres. En todos los países del mundo. ¿Qué se debe hacer para cambiar esto?

 Vi un punto importante en la autora y es el de educar. Somos esta generación que apenas comienza a ser padres, la que debe inculcar esos valores feministas y de igualdad en sus hijas. Como dice la autora, la responsabilidad es muy grande y la complejidad es enorme. Una niña feminista tendrá que enfrentarse a duras pruebas, se llevará millones de desilusiones, tendrá varios enfrentamientos.

Introduje todos y cada uno de sus consejos en mi memoria. Los grabé detenidamente y pienso utilizarlos en la educación de mis hijos, pero sobre todo en la de mi hija. Porque quiero que sea una persona saludable, independiente y feliz. Quiero que vaya por sus sueños, y sepa sortear los obstáculos que se le presenten con rapidez, responsabilidad y autoridad. Quiero que alcance esos sueños y los viva a plenitud.

Para esto ella debe ser intelectual, emocionalmente y financieramente independiente. Debe saber cuándo se encuentra en una relación de igualdad y cuándo, inequívoca y cruelmente, está siendo oprimida por la sociedad, o por una pareja.

Lo primero es relajar las asignaciones sociales que se le dan a los niños en razón de su género. Las niñas deben ponerse vestidos y faldas para verse femeninas, sin importar la incomodidad para jugar, correr o simplemente que vestirse así no sea de su elección. Deben estar bien peinadas y ojalá en su sitio jugando con muñecas u otros juegos que sean femeninos. A los niños mientras tanto se les estimula el cuerpo y el cerebro con legos, con juegos al aire libre, con deportes de competición.

Las niñas deben gustar. Y esta enseñanza es peligrosa para ellas. Muchas crecen con el miedo de alzar la voz, de rebelarse ante la injusticia, de denunciar un abuso. No. Una niña no debe ser moldeada para agradar a otros, si no ser fieles a si mismas y decir siempre la verdad.

Mientras crecen también se les enseña que el matrimonio es un logro y casi que un fin último en la vida. Las niñas deben aspirar a casarse, no así los niños. Esto crea un desequilibrio que viene desde la misma infancia. ¿Y qué sucede entonces cuando hay un matrimonio con este desbalance?¿Quién tiene el poder cuando es la mujer la que debe sacrificarse por este logro y no el hombre?

Gnozi Adichie le dice a su amiga que no solo sea una madre. Estoy de acuerdo. Somos seres multifuncionales, con una vida y deseos propios. Esa lucha también por esa profesión que amamos, por ese deseo de tener un proyecto propio, de cooperar al desarrollo de nuestra propia comunidad, es de gran importancia para nuestro bienestar, pero también una gran enseñanza para nuestros hijos.  Entiendo también, como madre, que muchas mujeres se preguntaran a qué horas podrían llevar a cabo su sueño. Lo he vivido también. Y no se trata de hacer todo al impulso, pero si de mantener vivo ese sueño, para poder realizarlo después.

Las mujeres tenemos en la espalda todo el peso de la casa y de la crianza de los hijos, trabajemos o no. Lo he visto así con nuestras madres y abuelas, repitiéndose en la nuestra. Cuando hablo con otras mujeres de mi edad me dicen que ‘yo no trabajo’ o ‘él gana más dinero’ o ‘así lo crió su madre’ o ‘me siento abusando si le digo que no puedo hacerlo todo sola’. El colmo es que nos sentimos agradecidas porque los padres ‘nos ayudan’. No, no es ayuda. Es compartir responsabilidades, es alivianar el peso de los quehaceres justo en la mitad. Me gusta la medida que comparte Gnozi Adichie para saber cuándo es la medida justa. Esa medida, dice ella, es cuando no hay resentimiento.

Creo que la autora no hizo suficiente énfasis en algo extremadamente importante. La independencia económica es lo que le va a permitir establecer relaciones laborales y de pareja igualitarias. Si menciona ella que la ambición, la independencia, la propia opinión nunca han sido bien vistas. E incluso cuando una mujer tiene poder también se espera que sean delicadas, agradecidas, sonrientes. Es cierto, pero faltó extenderse en este punto. Dice ella que la obligación económica debe caer sobre quien pueda tomarla, hombre o mujer. Pero no le dio suficiente importancia a que si una mujer no tiene su propio dinero, jamás tomará las decisiones sobre su hogar ni sobre su vida.

Hay que inculcarles desde siempre el amor por la lectura. Para que vean otras perspectivas y conozcan otros lugares. Así entenderán el mundo no a través de sus padres, ni de sus culturas, si no a través de los libros y de la infinidad de posibilidades que existen para ellas. Solo así tomarán decisiones informadas y convenientes para sus propias vidas. Así mismo hay que enseñarles a ser seres multiculturales, a no diferenciar en trato frente a las clases sociales, a respetar a los ancianos, a proteger a los niños y a las personas vulnerables. A no hacer bullying ni dejárselo hacer. A no reír frente a bromas descaradas de otros en contra de nadie. Los únicos límites que tienen nuestros derechos proceden cuando comenzamos a interferir con los derechos de los demás. Capacitarlas, para que ellas mismas sientan la constante necesidad de expandir sus conocimientos, mas allá de sus límites culturales, sociales, mentales.

La vestimenta y la moral y el sexo y la moral no tienen nada que ver. Que se maquille como quiera y que se vista como quiera. Con respecto al sexo, hay que sacarlo a luz y a hablar de ello a una temprana edad. Es inútil esconderlo, o decir que se debe esperar hasta el matrimonio, cuando nuestras hijas lo conocerán, muy jóvenes, de una manera u otra. Mejor decirles que esperamos a que tengan sexo cuando sean mujeres adultas y responsables de sí mismas, mejor hacerles ver, rápidamente, las consecuencias físicas y emocionales del sexo y cómo una mala decisión podría impactar sus vidas.

Que no permitan que los argumentos biológicos las discriminen, o justifiquen comportamientos sociales que son erróneos. Primer ejemplo la infidelidad. Recuerdo una vez en una clase de leyes, cuando un compañero de clase justificó la infidelidad masculina argumentando que la tendencia de los  ‘machos’ a la infidelidad se debía a que estos podían procrear todos los días del mes, mientras que las ‘hembras’ solo podían hacerlo una vez al mes. Y es que un problema más grande que apoyarse en la biología para discriminar es apoyarse en ella cuando ni siquiera se conoce. Las ‘hembras’ pueden procrear todo el mes, excepto por unos días de ese mes, y esto no es ni siquiera una regla biológica. Segundo ejemplo el período. ¿Por qué tenemos que esconder el hecho de que menstruamos cada mes? ¿Por qué tiene que ser algo tan vergonzoso y complicado? Tanto a los niños como a las niñas se les debe hablar del período femenino desde una temprana edad. Los tampones y las toallas higiénicas se pueden guardar a la vista de todos en el baño para cuando necesiten ser usadas, como se guarda una crema o un cepillo de dientes. Si la falda se mancha es un simple accidente, y ojalá en vez de burla todo se maneje de la manera mas normal. Nada relacionado con el período es motivo de vergüenza.

Y es así como poco a poco iremos destruyendo estereotipos y nuestras hijas tendrán un camino, si bien no más fácil, porque esto no es lo que busca el feminismo, si más igualitario. Que bendición sería que nuestras niñas pudieran andar en la vida sin miedos, con una confianza fuerte, con una seguridad garantizada. Que bendición sería el poder ser iguales a los hombres, en todos los sentidos y bajo todas las circunstancias.

Las sugerencias de este libro son un paso importante para allanar ese camino que llevarán a hacer de nuestras niñas seres saludables y felices.

Luz

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