La Tregua- De Mario Benedetti

Reseña Literaria

Rating: 5 out of 5.

“Vignale otra vez. Me esperaba a la salida de la oficina. No tuve más remedio que aceptarle un cortado, como prólogo inevitable a una hora de confidencias”. El señor Martín Bartolomé es melancólico, solitario, con un cinismo crónico sobre la vida y quienes lo rodean, tal vez debido a una apatía general que carga desde la época joven en que se casó con Isabel, su primera esposa. Aquel viejo de 49 años amaba a Isabel, a su manera, porque si había amor, tal vez un poco rayado con bastas responsabilidades. Aunque tal vez fuera un amor ya platónico, aumentado por la muerte de aquella amada, por la falta que hace una madre en un hogar, por el arraigo que crea una compañera permanente en la casa, esperando, pacientemente esperando, cuidando.

“En ningún lado encontré sus ojos”. La relación con Avellaneda fue algo diferente. Fue la relación que debió haber vivido de joven, aquella relación acompañada de absoluta adrenalina y desdén por las consecuencias de una negativa social. Avellaneda era su subordinada en la oficina, Avellaneda era una veintena de años más joven, Avellaneda era apasionada, creativa, dulce y secreta. Avellaneda era todo su interior, Avellaneda era su vida.

Bartolomé tenía tres hijos, Esteban, “hosco, alunado”, Jaime, “un solitario sin arreglo”, y Blanca, bien intencionada y hacendosa. No había entendimiento con los chicos, tal vez por una ‘brecha generacional’ insalvable, como bien creía su padre, o tal vez por una intransigencia de su parte no negociable bajo ninguna circunstancia. Bartolomé en el centro de su historia, con casi la totalidad de los otros personajes circulando a su alrededor. Su carácter duro solo se vio suavizado con la entrada en su vida de Avellaneda, su espejo a su presente más puro, su reflejo a la vida que siempre quiso vivir, y que por fin había logrado justo antes de su jubilación. No dura nada, todo fue una Tregua. Una Tregua de Dios, ese ser caprichoso y malvado en el que siempre creyó, confirmándole una vez más las sospechas de su maldad.

Cargo una admiración absoluta por Mario Benedetti. Y es que quien más puede escribir con semejante belleza un libro que solo pasa entre la casa y la oficina del personaje principal. No se necesita más, pues este fue un viaje al interior de una persona común y corriente, pero al conocerla se sabe que nada tiene de común ni de corriente. Es fascinante aquel camino lleno de troches que trae un carácter huidizo y juzgón, para encontrarse al final con un corazón rojo de fuego y de amor. Aquí también se explota aquella contradicción que vive mucha gente. ¿Por qué un amor por una mujer despertó la bondad y la dulzura que jamás despertaron sus hijos? ¿Por qué solo hasta el final el protagonista decidió vivir una vida fuera de lo común pese a que varias veces, reconociendo su mediocridad, dijo que no lo haría? ¿Por qué es el amor romántico el que supera todos los amores y desagua los cauces de las emociones humanas reprimidas?

El final de este libro es desgarrador, no porque las circunstancias hayan cambiado, si no porque volvieron a ser lo mismo que eran antes, grises, parcas, sin vida. Todavia quedaba gente a quien amar, pero ya era demasiado tarde, y tampoco era del interés del senor Bartolome, que se quedo descorazonado ante la omnipresencia de aquella vida que jamas torcería la línea recta del desdén.

Libro y autor 100% recomendados.

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