El Mundo de Sofía — De Jostein Gaarder

Reseña

Rating: 5 out of 5.

Es difícil encontrar un libro que se sostenga en la vida de una persona como algo digno de leer a cualquier edad, y es que los trucos filosóficos y literarios que usa el autor para atraer a los lectores son impresionantes, pues este libro se convierte en un imán para los aprendices, sin importar la edad, de la filosofía.

Siempre creí que la filosofía occidental —como yo denomino la filosofía clásica griega y los subsecuentes filósofos que surgieron en Europa — no había nunca llegado a resolver la cuestión de la existencia. Mi padre, un filósofo consumado, me contaba de pequeña que la filosofía intentaba responder a aquella pregunta de ¿Qué es que? Y me decía también: ¡Yo soy! Y, ¿A quién le hablo yo? ¡A mí!, respondía, para indicarme que había algo más allá de nuestro propio cuerpo y mente, de nuestra propia consciencia. Pero, ¿Qué es eso que hay más allá de nuestro ser? La forma como el autor de este libro plantea la historia de Sofía Amundsen podría ser la primera visión del camino hacia esa respuesta. Esta historia, inteligentemente descrita, sucede en un espiral de eventos y personajes que se superponen los unos a los otros, logrando que el lector comprenda que existe un observador final. Un Yo Absoluto que todo lo ve y que todo lo sabe.

Vamos entonces a la historia de Sofía Amundsen y Alberto Knox, que no hacen sino parte de la propia historia de Hilde Moller Knag y su padre, Alberto Knag, sus creadores, luego con la del propio autor y finalmente con la nuestra. Todo gira en un espiral que sube y sube hasta el infinito, ¿Quién es el observador real? ¿Quién observa a quién? ¿Cuál es el origen de todas las cosas? Y es así como este libro nos mete en este camino histórico que han sido las grandes preguntas que el ser humano ha intentado responder, en un paso magnífico y suave por temas complejos pero importantes, que todos debemos aprender. Básicamente todos los filósofos consagrados en este libro —también los más importantes de la historia— se plantean la cuestión de Dios. Platón hablaba ya del “Mundo de las ideas” y los filósofos de la Edad Media hablaban de una “causa original que se revela a los hombres a través de la razón”, o Spinoza que decía que “Dios era la Naturaleza” y Berkeley que decía que “la existencia de Dios se percibe mucho más nítidamente que la existencia de los hombres”. Y de aquí surge la pregunta radical, ¿Lograron estos filósofos encontrar a Dios?

Sofía es pues, el centro del asunto. Tiene 14 años y cumplirá 15 en la fiesta de San Juan. Sofia empieza a recibir unas postales extrañas de parte de Alberto Knag, además de un curso de filosofía, cuyo contenido le hace caer en cuenta de hechos y cosas de los que antes no se había detenido a observar. Al final Sofía se da cuenta de que el mundo es basto, y que ella y su entorno hacen parte de otra historia. Cada vez que Sofía recibe una postal encuentra una parte de un curso de filosofía. El curso abarca desde los filósofos de la Naturaleza, pasando por Sócrates, Platón y Aristóteles, el Helenismo y la Edad Media y deteniéndose un período largo y tendido en los ingleses, Locke, Hume, Berkeley y terminando con el Romanticismo y la Ilustración, para rematar con filósofos más modernos como Hegel y Kierkegaard.

El aprendizaje de las diferentes teorías de estos filósofos fue enorme y enriquecedora. Basta decir con que éste es un libro que se debe leer varias veces en la vida, si solo para estructurar la mente. Un punto admirable acerca del autor es además su crítica objetiva a la eliminación absoluta de las mujeres del mundo de la filosofía. Se entiende que durante toda la existencia las mujeres filosofías han existido, y han sido tan importantes como los hombres, pero ha sido el mismo patriarcado el que las ha borrado de la historia, tales como Hildegarda de Eibingen, de quien proviene el nombre de Hilde, una de las protagonistas de este libro. El autor no solo critica esta eliminación injusta, si no que hace una crítica a los filósofos —que son casi todos— que racionalizan a la mujer como “Seres incompletos” (Aristóteles), cuyos hijos solo “heredaban las cualidades del padre”, o Santo Tomás de Aquino, que se empeñó en repetir las palabras de la Biblia de que la mujer “fue creada de una costilla del hombre”. Hubo otros que no ayudaron en nada a acabar con el sistema patriarcal que rigió después del reconocimiento de la propiedad privada y la sumisión de las clases obreras y mujeres a la esclavitud y la posterior servidumbre como Kant y Hegel, que siguieron con las premisas que acentuaban la desigualdad entre hombres y mujeres. Ya más tarde los ingleses argumentaron que los derechos naturales sobre los hijos eran de sus madres, y sin embargo filósofos como Hobbes argüían que una servidumbre voluntaria de la mujer y sus hijos podría serle otorgada al paterfamilias, cerrando de nuevo la puerta a la emancipación de las mujeres, pues era raro en aquella época, ver algo así como una sumisión voluntaria.

Tanto las preguntas sobre Dios —aceptado por unos y negado por otros— como de la mujer quedaron abiertas. Si Dios existe, ¿Cómo llegamos a Él? ¿Cómo nos mezclamos con la existencia? ¿Cómo logramos niveles superiores de consciencia? ¿Puede la filosofía occidental responder a estas preguntas sin acudir a otro tipo de pensamientos como el hinduismo, el budismo, etc?. Tal vez un aspecto importante a resolver sea el tema de la mujer, y es que este libro ensena los peligros de racionalizar la desigualdad. Preguntas que seguirán abiertas por toda la eternidad, si no, la filosofía dejaría de existir.

Libro 100% recomendado para tod@s l@s lectores mayores de 15 años.

Luz

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