Vivir para Contarla —De Gabriel García Márquez

Reseña Literaria

Rating: 5 out of 5.

Son las memorias de Gabito, como lo llamaban su madre y sus mejores amigos de juventud. Es un libro de recuentos literarios, de una narrativa fundamental para quien se esté formando como escritor. También es una historia de éxito personal y profesional. Un éxito que a todas luces se veía bajo pronóstico reservado.

García Márquez fue el primogénito de una familia de once hijos. Su padre era telegrafista y su madre ama de casa. No gozaban de una vida acomodada precisamente, especialmente después de la muerte del abuelo y de sus diferentes movidas por la costa caribe buscando siempre donde acomodar la farmacia de la familia y las curaciones homeopáticas que ejercía su padre. Este libro es una mirada a una persona que a pesar de no haber crecido en circunstancias materiales idóneas, se enriquecía desde pequeño con las mecánicas familiares y sociales, que en cierta manera se desdibujaban entre la realidad, los sentimientos y los recuentos que ensanchaban aún más las creencias culturales de la época. Al final, las circunstancias en las que este autor nació y creció solo sirvieron para enriquecer más su mente, y el deseo desmedido por leer, con una saña ilimitada, le permitieron desarrollar un talento brillante e infinito.

García Márquez, como él lo dice, era más cuentista hablado que otra cosa en sus épocas de colegio en Bogotá. Se decidió luego a escribir algunos cuentos movido por un comentario de un importante crítico colombiano que dijo que la nueva generación de aquella época no tenía ningún talante para escribir. Le publicaron varios cuentos en la columna del Espectador de Eduardo Zalamea, Ulises, —aquel crítico generacional—. En Cartagena y Barranquilla trabajó como periodista. Fueron tiempos bastante provechosos, mas que por su práctica literaria, por las amistades que lo empujaron a seguir escribiendo. Su vida era callejera y desordenada, pero llena de libros, y sobre todo de poesía. Muchísimos autores muy diversos hicieron mella en su vena de escritor, pero el autor rescata frecuentemente a William Faulkner, Virginia Woolf, Jorge Luis Borges, Kafka, Dostoevsky.  Y claro, los clásicos griegos, después de que un día Gustavo Ibarra le dijera que siempre podía ser un escritor, pero jamás sería un buen escritor si no conocía los clásicos griegos.

La sinceridad de García Márquez con respecto a su retórica es refrescante, pues en ningún momento se da ínfulas de haber tenido un talento sobrenatural ni un camino fácil. En un principio no se gustaba. Contó que sus cuentos de las épocas en las que escribía para el Heraldo eran más de lo mismo y que no lograba ver la luz. Mi conclusión fue que a través de sus experiencias personales y del paso del tiempo, su pluma cogió vía libre para no parar ya jamás.

Entre esas experiencias personales están los tumultuosos ensueños políticos de los años 40 y 50 en Colombia, y lo que siguió de ahí. El autor no cuenta por ejemplo el asesinato de Gaitán ni los hechos del 9 de abril desde ningún punto político, si no como testigo presencial del fin de una vida y de una violencia que arrellanaba ya al país de cabo a rabo. La política no era tampoco un tema de su interés, si no más los dramas familiares, culturales y sociales.

Observé un amor desmedido de García Márquez por su familia y amigos. Porque después de todas sus andadas, amoríos callejeros y aventuras académicas sin fin ni nunca terminadas, fue realmente cuando volvió al fondo de los recuerdos de su niñez que encontró su camino como escritor. Sus amigos de juventud y periodismo también lo guiaron de la mano para convertirse en lo que fue. No solo por las oportunidades profesionales, sino por una amistad a toda prueba que también contaba con duras críticas, préstamo de libros que García Márquez jamás hubiera podido comprar, charlas infinitas sobre literatura, cine y sociedad, y hasta compra de almuerzos varios cuando no había ni para comer.

Me impresionó saber que el primer libro de García Márquez, La Hojarasca, fue rechazado por una editorial argentina de prestigio. Sin embargo, la sorpresa duró poco, pues esta es la vida de un escritor. Después de pasar varias desilusiones y hasta rabias, García Márquez decidió tomar las críticas a bien pertinentes y enmendar sus fallos. Y de puntada en  puntada fue hilando su éxito.

La oportunidad de adentrarse en la vida de García Márquez no debe dejarse de lado. La paciencia, la disciplina, el amor por lo que se hace, a toda costa, el apoyo de la familia y los amigos, fundamental para una vida de éxito y feliz. La diversión, que en ningún momento deben faltar en una vida bien vivida. Salud a esta obra!

Luz

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