El Olvido que Seremos –De Héctor Abad Faciolince

Reseña Literaria

Rating: 5 out of 5.

A pesar de que leo gran variedad de estilos, podría decir que este es mejor libro que me he leído este año. A Héctor Abad Faciolince lo conocí cuando me leí el libro “La Oculta” y desde ese momento quedé absolutamente deslumbrada. El contexto de sus historias, la narrativa en primera persona que el autor maneja con una maestría inequívoca brillante, el énfasis que pone en los detalles y el recuento de la historia sin abusar de los diálogos. Este autor tiene algo distintivo, pues ni siquiera se molesta en endulzar su narrativa.  Sus analogías, metáforas y anáforas son mas bien pocas, lo cual es absolutamente refrescante. Todo lo que dice lo dice de forma sencilla y al punto, como un buen café caliente, bien cargado y sin nada de azúcar.

Y así de simple Héctor Abad se sitúa entre mis autores latinos preferidos. Puede que influya el hecho de que este autor viva en Medellín, una ciudad muy cerca de Manizales, donde yo nací y crecí. O puede que sea porque cuando él cuenta sus historias está contando las mías propias, con diferentes matices claro, pero al fin y al cabo con los mismos hechos y los mismos dolores de patria que vivimos todos los colombianos en la década de los 80s y 90s. O puede que simplemente sea aquel amor desmedido que profesa por su padre en “El Olvido que Seremos”. No es para menos. Todos los que hemos venido a este mundo guiados y acompañados por un padre incondicional como el suyo podemos sentirnos identificados con las palabras del autor al describir a su padre, un padre a todas luces amoroso, inteligente, pacífico. El padre de Abad Faciolince manifestaba que a los hijos se los educaba mejor mimándolos. Que extraño debió haber sido esta forma de pensar en los años 60s y 70s cuando se creía todavía que el castigo físico severo era lo que formaba a un hombre, cuando a las mujeres se les tenía en casa cocinando, cociendo y rezando, cuando la vida se pasaba en ambientes familiares cerrados a toda intrusión moderna. El escritor explica que su padre llegó a aquella conclusión como una forma de rechazo a la educación de mano dura que el sí recibió de su propio padre. Además de ser una persona inteligente, que amaba la música clásica y la poesía, era un médico dedicado a mejorar las condiciones de vida de la gente pobre de Medellín. La flor de loto de este libro es precisamente la descripción de aquel padre, como padre, sus teorías de mimos, de protección física y económica sin límites de edad, sin condición alguna de éxito, rodeados siempre de risas, abrazos, besos, música y libros. Una niñez fantástica, que determinaron e influenciaron absolutamente la personalidad del escritor.

Este libro se lee como un abanico multicolor de capítulos felices que se van desdibujando a medida que avanza la historia de la vida de su padre, de su propia vida, de la de su familia. El padre de Héctor Abad tenía además una cualidad que en Colombia mas bien puede calificarse de defecto: le indignaba la injusticia y estaba dispuesto a todo para corregir situaciones que a él le parecían inaceptables, y en efecto lo eran: Los niños muriéndose por desnutrición o por enfermedades adquiridas al tomar agua contaminada, bajas tasas de vacunación y acceso a servicios médicos. Aquel médico se dedicó en cuerpo y alma a sanar aquellas desigualdades. En principio fueron campañas médicas (a las que llevaba también a sus estudiantes para que conocieran la realidad), pero inevitablemente aquel activismo se fue convirtiendo en luchas institucionales que tenían un trasfondo enteramente político. Aquella lucha de poderes lo desgastaba, aunque no lo amilanaba. Lo que finalmente pudo más que él fue la violencia. Fue ingenuo, pues creyó que no lo tocaría. Su familia tampoco lo creyó. Entiendo por qué. Cuando se tiene total convicción de una causa justa, siempre creeremos que los demás, si no estarán de acuerdo, al menos se quedarán al margen. Colombia no es así (nunca lo ha sido), no eran tampoco las circunstancias de la época, que el señor Abad no supo leer a tiempo. No era tampoco el lugar. Hizo caso omiso a la Colombia del Siglo XX, amalgamada en religión, en lucha de clases y en clasismo, en odios, en tradiciones absurdas que le pasaron factura a su lucha por las clases más desfavorecidas de Medellín.

Y es así como este libro es un recuento fidedigno de la historia de un colombiano. Un padre, un abuelo, un activista, un médico, un político, un esposo. Cada faceta con muchas complejidades, donde el autor hace el esfuerzo de mirar a su padre desde sus zonas claras y oscuras, pues hace un alto también para mostrar el lado débil de su padre cuyos ideales se movían a veces entre la modernidad y la tradición, y en un liberalismo político que rayaba ya con la condescendencia. Todos aquellos matices el autor los mira con un amor infinito, un amor que todavía le habla al oído, a veces para bien y a veces para mal, y también los mira con una profunda tristeza, por lo que pudo haber sido y no fue.

Libro 100 por ciento recomendado!

Luz

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