Mujeres del Alma Mía —De Isabel Allende

Política y Feminismo

Isabel Allende hace un recuento rápido de su vida, ameno y fácil de leer. Al leerlo se siente cómo el estar hablando con una amiga de toda la vida. De esas conversaciones buenas claro, en donde se pone el alma y el corazón justo en el centro de la mesa a la vista de todo el mundo. Es así como Allende hila los hechos y las personas que marcaron su vida, justo con esos pensamientos contradictorios a su época, donde a pesar de que nadie cuestionaba las desigualdades sociales en su Chile natal, y muchísimo menos el lugar de la mujer en la sociedad, ella se hacía preguntas, y las transmitía a su entorno, levantando una polvareda de preocupaciones y rabias en sus padres y abuelos. Esto no la aplacó, y su voz interna no se acalló, al contrario, todas las circunstancias se fueron dando hasta que finalmente pudo encontrarse como literata, feminista y activista, llegando así a una madurez adulta con la que se siente cómoda y feliz. A su vez, la escritora da una mirada a la actitud de las nuevas generaciones frente al feminismo y rinde un homenaje póstumo y actual a quienes abrieron paso a las luchas feministas de hoy en día.

A pesar de que este libro no contiene la rigidez literaria de otras de sus obras —no creo tampoco que esta haya sido la intención de la autora—, es definitivamente un texto muy importante que llama la atención sobre la inactividad de algunas mujeres en la lucha contra la autoridad del hombre, lo que ha ayudado a que el machismo permanezca fresco y reinante hasta el día de hoy. Son las nuevas generaciones, dice la autora, las que tendrán que seguir dando una lucha incasable y sostenible en el tiempo, para que las circunstancias puedan cambiar a nuestro favor. El feminismo no es otra cosa que “la sublevación contra la autoridad del hombre” y “todos los oprimidos deben sumarse”. Y es que muchas personas —mujeres, más que todo—, no se dan cuenta cómo afecta el patriarcado sus vidas, y las vidas de sus seres queridos. La autora explica como por todos lados la mujer esta supeditada a la inferioridad, desde la religión, por su machismo inherente, por sus teorías de virginidad y fidelidad que aplican solo a la mujer, hasta la organización de las familias, su jerarquía y cadenas de mando, donde la mujer nunca, o casi nunca, sale bien librada.  Las relaciones de pareja también son dominantes. La autora comenta a este respecto que el matrimonio es muy conveniente para los hombres, que protegen y mandan, y nada para las mujeres, que obedecen y sirven. Teniendo esto en cuenta “los dos grupos mas contentos son los hombres casados y las mujeres solteras”. Isabel Allende ha perseguido el amor toda su vida, con tres matrimonios, varios amores y dos divorcios a su haber, buscando precisamente esas relaciones igualitarias, donde los amantes están juntos pero no revueltos, donde ella mantiene su identidad y su total libertad, y donde él esta tranquilo y acostumbrado a respetar este acuerdo.

Y es que no solo en estos ámbitos internos la mujer encuentra oposición a su libre albedrío, pues los ambientes laborales en su mayoría son enteramente masculinos. En su profesión de escritora también es difícil sobresalir si se es mujer. Isabel Allende aplaude su suerte en este respecto, pues logró resurgir frente a todos los autores masculinos que hacían parte del boom latinoamericano, como la mujer que escribió la novela La Casa de los Espíritus con un éxito inmediato. Este no era el caso mas común, reconoce ella, pues las escritoras latinoamericanas habían sido ignoradas por los críticos, profesores y hasta estudiantes de literatura, habían tenido dificultades en la promoción de sus escritos y en su mayoría no eran publicadas. Esto ha mejorado, ahora las mujeres son publicadas de igual manera que los hombres, dice ella.

La resistencia contra el éxito de la mujer en la sociedad no solo es masculina. Algunas mujeres también dicen estar lejos de identificarse con aquella palabra soez de ‘Feminazis’, que no es si no un adjetivo dañino y cruel que atañe a esta lucha legítima en contra de la dominación de los hombres. Todas hemos sido testigos —si es que no víctimas directas— de comentarios destructivos sobre nuestras capacidades, a veces en chiste, a veces agresivos, violencia en la calle y violencia por parte de familiares y/o amigos. Las mujeres que viven en zonas de guerra son las que más sufren este flagelo, sin protección ninguna del Estado, ni de la comunidad internacional. Es a aquellas mujeres víctimas las que les debemos nuestra simpatía, apoyo y activismo. Es a las nuevas generaciones las que les debemos un futuro seguro e igualitario.

Libro 100% recomendado

Luz

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